Volver a las aulas
En la actualidad es frecuente escuchar sobre la necesidad de formarse a lo largo de la vida. Dos alumnos de la Maestría en Historia, con distintas trayectorias en la vida, y un profesor de Economía hablaron sobre su regreso a las aulas.
Carlos Caballero Argáez
Se graduó como ingeniero civil en Los Andes en 1970 pero nunca ejerció su profesión, pues su gusto por las Humanidades y su vocación por lo público le llevaron a hacer un Magíster en Ciencia en Berkeley y otro en Políticas Públicas en Princeton.
Su trayectoria profesional lo ha hecho ocupar cargos diversos como por ejemplo investigador y director de Fedesarrollo, director del Banco de la República y ministro de Minas y Energía. Después de 35 años de vida profesional, volvió a las aulas uniandinas, esta vez en calidad de alumno de la Maestría en Historia.
¿Qué lo hizo volver a las aulas?
Siempre me ha interesado la historia. Incluso como estudiante de ingeniería tomé un curso con Indalecio Liévano sobre los grandes conflictos. Cuando comencé a dictar clases en la naciente Facultad de Administración (se llamaba Economía Industrial) sugerí que se dictara un curso de Desarrollo Empresarial. Siempre quise hacer esto y decidí no dejarlo para más tarde. Realmente uno tiene que estudiar permanentemente y en Historia es muy importante porque la historia se hace con la perspectiva del presente, pero ese hoy es distinto si ese presente es 1965, 95 ó 2005.
Usted ha sido estudiante, profesor y actualmente es vicepresidente del Consejo Directivo de la Universidad ¿Cómo ve la institución desde esas diferentes perspectivas?
Como estudiante disfruté la Universidad, me di cuenta de que no iba a ejercer la ingeniería pero esa formación fue muy importante y lo comprobé cuando fui ministro de Minas. Siempre que he podido he sido profesor y fui director de pregrado de la Facultad de Administración. Ahora como estudiante veo que la Universidad es mucho más rigurosa de lo que se cree; la exigencia es alta y eso me ha encantado. Confirmo la excelencia de Los Andes.
“Es estupendo que los muchachos salgan de pregrado y tomen su magíster; eso les da un complemento. Otra cosa es mi caso, en el futuro quiero tener la capacidad para escribir sobre este país con el elemento histórico”.
Vera Grabe Loewenherz
Graduada como antropóloga en 1978, carrera que había iniciado en la Universidad Nacional y que había interrumpido para viajar a Alemania, según cuenta en el libro Vida Mía, de Silvia Galvis. Fue elegida senadora por el M-19 en 1991; hoy dirige el programa de Pedagogía de Paz, en el Observatorio de Paz, y está haciendo su tesis doctoral en el programa de Paz y Desarrollo de la Universidad de Granada. En enero inició sus clases como alumna de la Maestría en Historia.
¿Por qué regresó a las aulas?
Volví para comprender muchas cosas y porque los temas que trabajo están en la agenda pública pero les falta fundamentación, hay que meterles academia. Yo venía con reflexiones personales, viendo la paz no solo como acuerdos sino como perspectiva de vida; el encuentro con la historia consolida repensar muchas cosas y me da claves sobre mi propia vida y sobre todo, la posibilidad de buscar alternativas. Por ejemplo, la historia ha sido muy construida sobre la violencia y eso se traduce en prácticas, en decisiones políticas. El estudio de la historia muestra otras perspectivas y encontrar que trabaja otros temas como la familia, le da a uno claves para buscar alternativas.
¿Por qué este programa?
Por la calidad de la formación. Además, este es de los programas más abiertos; de pensamiento plural, no es esquemático y tenemos cabida personas de diferente trayectoria. Cuando estudié acá Antropología, venía de la Nacional y veíamos que esta era una universidad burguesa, pero uno fuera revoltoso o no aquí estudiaba y aprendía.
“Es un acto de humildad reconocer que aunque uno tiene una gran trayectoria, tiene mucho que aprender y la única manera de estudiar en forma es volver a las aulas”.
Miguel Urrutia Montoya
Obtuvo el título de licenciado Magna Cum Laude de Harvard University en 1961 y el de Magíster y Doctor en Economía de la Universidad de California, en Berkeley, en 1967. Ha ocupado diversos cargos tanto en el sector público como en el privado, entre los cuales están: Director del Departamento Nacional de Planeación, ministro de Minas y Energía, director ejecutivo de Fedesarrollo, vicerrector de Estudios de Desarrollo, Universidad de Naciones Unidas, Tokio (Japón) y gerente del Departamento de Desarrollo Económico y Social del Banco Interamericano de Desarrollo (Washington).
Al finalizar su labor como gerente general del Banco de la República, cargo que ocupó desde 1993, volvió a las aulas para enseñar.
¿Qué lo trae como profesor de tiempo completo?
Mi historia en Los Andes es antigua. Creo que la primera clase que di fue en el 62 y cuando he estado en Colombia casi siempre he sido profesor de cátedra. Enseñar es también una manera de estudiar porque hay que hacerlo precisamente preparando clases; además tenía ganas de volver a trabajar en historia y doy clase de Historia Económica.
¿Qué espera de sus alumnos?
Aunque las clases son grandes estoy tratando de lograr algo de diálogo. Tengo cuidado de dar una lista de lecturas realista y siempre pido un ensayo porque me parece que en la vida después de la universidad es fundamental poder transmitir una idea por escrito de manera clara. La idea es escoger un tema y hacer un pequeño ensayo.
¿Cómo articular en las clases la Misión de la Universidad con la formación de los estudiantes?
El objetivo de un economista, por ejemplo, es aumentar el bienestar de la sociedad y eso tiene mucho que ver con la Misión. En Ciencia Política pasa lo mismo: cómo lograr que la política sea funcional para mejorar el bienestar. Es muy importante que los abogados entiendan las implicaciones económicas de los fallos de las cortes: Los efectos de las medidas son muy complicados; hay que tratar de ver no solo el efecto inmediato sino el general. Es un enfoque permanente.
“Siempre he dado clase, aún siendo gerente del Banco de la República y como ministro”.
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