¿Qué quieren las víctimas del conflicto en Colombia?



Mario Iguarán Arana, fiscal General de la Nación, y Andreas Forer, coordinador del Proyecto ProFis, en la presentación del libro de Angélika Rettberg (centro).

26 de noviembre de 2008 | Más del 80 por ciento de las víctimas esperan algo positivo de una comisión de la verdad y 35,9 por ciento piensa que los responsables deben ser juzgados por cortes internacionales o por un sistema mixto conformado por jueces nacionales e internaciones, es lo que se desprende del informe-libro Reparación en Colombia ¿Qué quieren las víctimas?, presentado el 26 de noviembre por su autora Angélika Rettberg, profesora asociada del Departamento de Ciencia Política y directora del Programa de Investigación sobre Construcción de Paz (CONPAZ) de la Universidad de los Andes.

La investigación, que tiene como objetivo brindar información acerca de qué quieren las víctimas en materia de reparación dentro del actual proceso de paz, fue financiada por el Proyecto ProFis (Apoyo a la Fiscalía General de la Nación en el contexto de la Ley de Justicia y Paz –un ejemplo de justicia transicional–), que ejecuta la Agencia de Cooperación Técnica Alemana (GTZ) por encargo del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Federal de Alemania, y realizada en convenio con Los Andes y su Programa CONPAZ.

El estudio se basa en la encuesta que realizaron en 16 municipios del país –Aguachica y Valledupar, Cesar; Barrancabermeja, Santander; Barranquilla, Soledad y Nueva Venecia, Atlántico; Bogotá y Soacha, Cundinamarca; El Rosario, Nariño; Florencia, Caquetá; Medellín y Zaragoza, Antioquia; Neiva y Pitalito, Huila; Sincelejo, Sucre, y Villavicencio, Meta–, todos de distintas extensiones y características, y se realizó entre junio y septiembre de este año. El total de la muestra fue de 1.014 personas.

Hay desinformación sobre la Ley de Justicia y Paz

Aunque el 59,4 por ciento de las personas se han sometido a un programa de atención a víctimas, la investigación encontró que existe un grado relativamente alto de desinformación acerca de la Ley de Justicia y Paz (el 74,2 por ciento no conoce la diferencia entre ésta y la justicia ordinaria).

Además, es considerable la actitud positiva hacia la paz que se registra a pesar de todos los sufrimientos por los que pasaron las víctimas en Colombia: casi el 60 por ciento de ellas cree que dentro de los próximos cinco años habrá paz en el país.

Desplazamiento forzado interno, la forma más común de victimización

Mediante la consulta a las víctimas, se indagó en cuatro aspectos específicos: primero, por sus características personales, su composición demográfica, sus niveles de educación y sus ingresos; segundo, se buscó identificar retratos de victimización, a través de preguntas sobre el tipo de daños sufridos por la persona, su familia y su comunidad, así como acerca de su conocimiento de los perpetradores; tercero, se procuró identificar las necesidades y expectativas de reparación de las víctimas así como atribuirlas a particularidades de su condición; y cuarto se indagó por su conocimiento sobre las diferentes opciones que se adelantan en cuanto a administración de justicia y atención a víctimas, y su satisfacción o inconformidad con respecto a ellas.

A partir del primer aspecto indagado a las víctimas, “se confirma que son, en su mayoría, mujeres pobres cabezas de familia. Su edad promedio es de 41 años y el número de hijos, así como personas que dependen de ellos económicamente, oscila entre 3 y 4. Sus ingresos mensuales, en su mayoría, están por debajo de 360.000 pesos mensuales. El máximo nivel educativo alcanzado es la primaria en un 44,9 por ciento de la muestra; un 30,5 por ciento no reporta ningún nivel alcanzado. La mayoría de víctimas no está casada y su religión predominante es católica, aunque en menor medida que el promedio de la población colombiana; en efecto, es elevado el porcentaje de víctimas adscritas a religiones cristianas no católicas”.

Además, se encontró que los procesos de victimización son, en su mayoría, recientes (las fechas de ocurrencia señaladas se incrementan desde el año 2000). Dado el elevado número reconocido por diversas fuentes de desplazados forzados internos, no sorprende que esta sea la forma más común de victimización en la muestra.

En efecto, las cinco formas de victimización reportadas por un mayor porcentaje, son: el desplazamiento propio (74,3 por ciento), el homicidio de un familiar (53,6 por ciento), el desplazamiento forzado de un familiar (40,1 por ciento), un homicidio de alguien en la comunidad (22,5 por ciento) y una desaparición forzada en la familia (20,7 por ciento).

El 17,6 por ciento de las personas reportaron una forma de victimización, 30,1 por ciento dos formas de victimización, 19,3 por ciento tres formas de victimización y 32 por ciento (casi un tercio de la muestra) cuatro o más formas de victimización. Esto sugiere que, para un alto porcentaje de la muestra, la victimización no es un fenómeno aislado sino recurrente en su entorno inmediato y reiterativo en el tiempo.

Reparación económica, verdad y justicia

Algo más del 5 por ciento de las víctimas corren el peligro de encontrarse a diario con los autores de los delitos cometidos contra ellas. Solamente un 12 por ciento declaró que los autores de los delitos no viven en su comunidad. Con respecto a las medidas de reparación, prevalecen las necesidades económicas, seguidas de la verdad: lo que exige el 44 por ciento de las víctimas es que se sepa la verdad sobre los hechos. Sin embargo, se eleva a 26,6 por ciento el número de víctimas que quieren justicia, es decir, que los responsables sean juzgados.

“El aspecto que impacta de manera más contundente es indudablemente el hecho de que la mayoría de las víctimas del conflicto armado son pobres. Como es obvio, las poblaciones ya de por sí vulnerables en Colombia han tenido que asumir los peores efectos de la violencia armada, acompañada de crímenes sistemáticos de violación de los derechos humanos. Así, no sorprende, ni deja de ser lógico, que el factor más importante para las víctimas sea la reparación económica y que, por lo tanto, insistan en ello. Lo anterior aplica no solamente en Colombia, sino también en la mayoría de las áreas del mundo en donde se han realizado estos estudios hasta el momento”, explica en el prólogo del libro Ernesto Kiza, quien realizó un estudio parecido en 16 países distintos.

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